“Primero tenemos que ordenar los datos” es la razón más común para postergar la IA — y la más cara. Empresas que podían capturar valor este trimestre lo posponen un año esperando un data lake perfecto que nunca llega. La realidad: cada tipo de caso de uso exige un nivel distinto de madurez de datos, y varios de los más valiosos exigen mucho menos de lo que crees.
“La pregunta correcta no es ¿están listos mis datos? sino ¿qué casos de uso están listos para mis datos de hoy?”
Hay un efecto secundario que casi nadie aprovecha: los primeros casos de uso producen datos estructurados. Un agente que procesa documentos genera un registro limpio de cada análisis. Un asistente comercial estructura conversaciones que antes vivían en correos sueltos. La IA no solo consume datos: los ordena.
Para cada caso de uso candidato responde tres preguntas: ¿dónde viven hoy los datos que necesita? ¿quién los toca y con qué frecuencia? ¿qué pasa si el sistema se equivoca? Con eso tienes el 80% del análisis de factibilidad — y probablemente dos o tres casos listos para arrancar este trimestre con los datos que ya tienes.
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